Redes Sensoriales


Las redes sensoriales están formadas por un conjunto de nodos con un sensor acoplado que pueden monitorizar parámetros del entorno.

Los dispositivos autónomos que llevan sensores incorporados y forman la red se denominan motes. Los motes tienen la capacidad de comunicarse entre sí con el protocolo ZigBee y retransmitir la información adquirida a través de la red hasta un punto de control que registre los valores observados e incluso tome decisiones consecuentemente. Además, son los propios motes los que se organizan automáticamente cada cierto tiempo para ver cuáles son las rutas de comunicación disponibles entre ellos. Esto permite que los motes puedan ser cambiados de lugar para monitorizar un área distinta en un determinado momento. Por otra parte, también hace que la red sea escalable. La escalabilidad es muy importante dada la naturaleza de los escenarios en los que pueden ser instaladas. Por un lado, hace posible incrementar el área monitorizada simplemente añadiendo nodos y sin necesidad de configuración alguna, ya que serán incorporados a la red dinámicamente. Por otra parte, el hecho de que uno de ellos desaparezca no perjudica el funcionamiento global de la red ya que la información puede seguir siendo transmitida por caminos alternativos. Esto último representa una gran ventaja frente a diseños centralizados ya que proporciona un servicio de alta disponibilidad.
La alimentación de la red sensorial se realiza de manera autónoma a través de baterías, lo que permite su instalación en sitios en los que no haya corriente eléctrica como campos de cultivo, bosques, invernaderos, jardines, etc. Los nodos de la red sensorial no necesitan emitir continuamente, basta con que tomen una muestra cada cierto periodo de tiempo y permanezcan en estado latente el resto del tiempo, optimizando así el consumo energético. De esta manera, se puede conseguir alimentar cada nodo durante meses con sólo dos pilas (AA).


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